En una montaña muy, muy alta, bajo el mismo cielo, entre nieves eternas, se alza el palacio de cristal del zar Frío. Está construido enteramente de hielo purísimo, y todo en él, desde los amplios divanes, sillones, mesas talladas, espejos, hasta las pendientes de las lámparas de araña, todo es de hielo.
El padre zar es severo y sombrío. Sus cejas canosas cuelgan sobre sus ojos, y esos ojos son tales que quienquiera que los mire queda traspasado por un frío punzante. La barba del zar es completamente blanca, y en ella parecen enredados destellos de piedras preciosas, brillando toda ella con chispas de gemas multicolores.
Pero más hermosa que la barba del zar, más hermoso que su alto palacio, más hermosos que todos los tesoros, son las tres hijas del zar, las tres bellas zarevnas: Ventisca, Escarcha y Carámbano.
La zarevna Ventisca tiene ojos negros y una voz tan clara que se oye lejos, allá abajo en los valles. La zarevna Ventisca está siempre extremadamente alegre y baila y canta todo el día.
La zarevna del medio, Escarcha, no cede en belleza a su hermana mayor, solo que es orgullosa y altanera; no dirige una palabra amable a nadie, ni hace un gesto de cabeza a ninguno, y camina, esbelta y sonrosada, por su torreón, plenamente satisfecha de su belleza, sin abrir su corazón a nadie.
En cambio, la hermana menor, la zarevna Carámbano, es totalmente distinta: habladora, locuaz y tan hermosa que, al verla, hasta los ojos del terrible zar Frío se encienden de ternura, sus cejas canosas se distienden y una sonrisa bondadosa y cariñosa resbala por su rostro. El zar admira a su hija, la ama y la mima tanto que las zarevnas mayores se ofenden y se enfadan con él por ello.
—Carámbano es la favorita de papá —dicen ellas con envidia.
Y qué belleza ha nacido la zarevna menor, una belleza tal que no se hallaría otra igual en todo el Reino de Hielo.
Los rizos de la zarevna son plata pura. Sus ojos son como zafiros azules y como diamantes de múltiples colores. Sus labios son rojos como la flor de una rosa en el valle, y ella misma es toda delicada y frágil, como una preciosa escultura del mejor cristal.
Cuando Carámbano mira a alguien con sus ojos azules y radiantes, cada cual estaría dispuesto a dar su vida por una sola de esas miradas.
Las zarevnas viven alegremente en su alto torreón. Durante el día bailan, juegan y escuchan los maravillosos cuentos de la zarevna mayor, Ventisca, y por la noche salen de caza tras leopardos y ciervos.
Y entonces por todas las montañas y desfiladeros se levanta tal estruendo y ruido, que la gente, aterrada por ese шум, huye apresuradamente de las montañas y del bosque hacia sus hogares.
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