En una noche de invierno por los traspatios, en alegre y bullicioso grupo, por los montones de nieve, por las lomitas, vamos, caminamos hacia casa. Los trineos ya nos hastían, y nos sentamos en dos filas a escuchar los cuentos de la abuela sobre Iván el tonto. Y allí estamos, apenas respirando. La medianoche se acerca. Fingimos no escuchar si mamá nos llama a dormir. Se acabaron los cuentos. Hora de ir a la cama... Pero ¿cómo dormir ahora? Y otra vez empezamos a alborotar, a insistir sin parar. La abuela dice con timidez: —¿Qué, quedarse sentados hasta el amanecer? Pero a nosotros qué nos importa, sigue hablando, sigue hablando.
Texto verificado