El pobre campesino iba a vender leña. Se encuentra con un hombre rico y engreído. —¡Eh, detente! ¿Qué llevas al mercado? —Paja. —¡Qué paja ni qué nada, eso es leña! —Pues si tú mismo lo ves, ¿para qué preguntas? Dijo el pobre y siguió su camino.
Al día siguiente, el rico y engreído caminaba por la calle con un amigo. —Así y asá —le contaba—, ¡me ofendió un campesino pobre! Y he aquí que el pobre venía de nuevo a su encuentro. —¡Ahí está, el hombre de ayer! —dijo el rico. —¡No! —le respondió el pobre—. Yo no soy el de ayer: pronto hará cuarenta años que vivo en este mundo.
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